Poniente

Albufera de Adra

Donde La Alpujarra se abre al mar, a orillas del Mediterráneo, se extiende la Comarca del Poniente Almeriense. Una tierra milenaria, encrucijada de caminos entre Oriente y Occidente, visitada por numerosos pueblos desde la Antigüedad. Este rincón del sureste de Almería conjuga su carácter marítimo con un interior de marcada impronta rural en torno a la Sierra de Gádor. Desde Aguadulce, en Roquetas de Mar, hasta las pedanías costeras de Adra, y desde el Embalse de Benínar hasta Enix, el Poniente Almeriense sigue siendo hoy, como ha sido siempre, un lugar donde Europa y África se muestran al alcance de la mano, dos continentes separados y a la vez unidos por un mar que ha contemplado desde la llegada de los fenicios en el siglo VIII a. C. hasta la partida de Boabdil, el último rey de Al-Ándalus, hacia las costas norteafricanas.

Un paisaje salpicado por el  ‘mar de plástico’ que ha impulsado el desarrollo económico de la provincia. Un pulso que sigue manteniendo el Poniente, consolidándose como pilar económico de Almería a través de su agricultura intensiva.

El Poniente es la comarca más poblada de la provincia de Almería, integrada por nueve municipios que se extienden entre la Alpujarra almeriense y la costa mediterránea. Un enclave que engloba historia, cultura, tradición milenaria y una actualidad moderna y tecnológica, adaptada a las exigencias del mundo globalizado actual.

Adra

Adra, milenaria y marinera, es, uno de los enclaves del litoral almeriense donde aún se escucha a las gaviotas anunciar la llegada de los pesqueros a su puerto,  hoy centenario. Un municipio clave para la modernización de la comarca del Poniente, que ejerce orgullosa su papel como Puerto y Puerta de La Alpujarra. 

Tradicionalmente, su economía ha estado ligada al sector pesquero y al mundo marítimo, su fundación en el siglo VIII a.c. por los fenicios convirtió a Abdera en un excepcional enclave comercial. Con la llegada de los romanos, Adra se convirtió en una zona de paso  para llevar a diferentes ciudades del entorno mediterráneo los salazones y el "garum", producto muy apreciado en la cocina romana.

Desde la segunda mitad del siglo XVI Adra desempeñó un importante papel, en la economía de la comarca, como vía de exportación e importación de productos a través de su puerto; pero será la caña de azúcar, lo que supondrá el principal motor de la economía abderitana hasta mediados del siglo XX.

La industria del azúcar ha supuesto, en la historia de Adra, un gran impulso para su economía. Diversos ingenios y fábricas han desarrollado su labor productora y transformadora en distintos puntos estratégicos de la localidad. En 1909 se creó la sociedad ‘Azucarera de Adra’, pero el cambio que paulatinamente se iba gestando en el sector agrícola y la caída de precios de la caña de azúcar causaron un descenso de la producción azucarera.

Además de la mencionada industria azucarera, la industria metalúrgica del plomo será uno de los grandes factores económicos determinantes de la historia reciente abderitana. En 1822 se construye la fábrica de "Rein y Cia" denominada ‘Fundición Grande’ donde se introducen los primeros hornos de fundición ingleses que dieron gran resultado, además en 1827 se instala una máquina de vapor, otorgando a esta fundición la condición de ser una de las primeras de España en utilizar la mencionada tecnología.

En la actualidad la presencia del cultivo bajo plástico se ha intensificado en este municipio constituyendo hoy en día uno de los pilares económicos no sólo de Adra sino también de la provincia en su conjunto.  Junto a esta actividad y como contraste, Adra es considerada un enclave de gran valor ecológico y de alta calidad ambiental a escala nacional e internacional por las especies faunísticas y florísticas que posee.

En este sentido, la importancia medioambiental de Las Albuferas se rige por la gran cantidad de aves acuáticas que han encontrado aquí un hábitat donde vivir.  El pato malvasía, el somormujo lavanco, azulones y otras muchas especies han convertido a La Albufera en el paso migratorio de aves entre Europa y África y en un lugar de nidificación y cría de muchas especies.

El Ejido, la huerta de Europa

Entre la Sierra de Gádor y el Mar Mediterráneo se abre paso la antigua ciudad romana de Murgis, El Ejido. Huerta de Europa y centro del ‘mar de plástico’ que ha protagonizado el ‘milagro almeriense’ que convirtió las tierras áridas del pasado en las más fértiles y productivas del continente.

Cuna de la multiculturalidad, El Ejido cuenta con el mayor puerto deportivo de Europa y una patrimonio singular que ofrece al visitante la posibilidad de reencontrarse con antiguas civilizaciones, a los vestigios de sus fortalezas, torres de vigías y las termas romanas hasta alcanzar la costa más idílica en la que empaparse de la esencia única que desprende este rincón del sureste almeriense.

En estas tierras, en medio de la gran ciudad que es hoy El Ejido, se ocultan un pueblo pesquero, Balerma. Un idílico paraje de costa donde las casas de pescadores duermen a orillas del Mediterráneo, las barcas descansan sobre la arena de la playa y la Torre Vigía rememora historias y leyendas de piratas.

Y de Balerma, a un auténtico paraíso. Almerimar se abre paso como un oasis en las tierras del desierto de Almería. Un paisaje en el que contrastan el azul intenso del Mar con el verde de sus campos de golf y las avenidas de palmeras que conectan con el puerto más grande de Europa. Todo ello, convierte a Almerimar en la ‘perla’ ejidense para disfrutar del mar en todos los sentidos.

El Ejido, es el lugar con más sol de Europa, casi 3000 horas al año que hacen relucir a la  naturaleza como un atractivo más, siendo sus mayores ejemplos el Parque Natural de Punta Entina Sabinar y la Cañada de Las Norias. Espacios protegidos, poco comunes, que son ideales tanto para el descanso como para el estudio de una fauna y flora diversa. La belleza de sus dunas y sus charcas harán ver que está en una de las ‘joyas’ medioambientales del Mediterráneo.

Dalías y Berja

Como todos los pueblos que guardan la esencia de la Alpujarra, Berja cuenta con una influencia árabe que, aún hoy, está al alcance de ser descubierta a los pies de la Sierra de Gádor. Laberinto de cauces de agua, veredas y caminos,  Berja, cuyo título de Ciudad fue concedido por el rey Alfonso XII, emana sabiduría, historia y tradiciones ancestrales.

No fue hasta la segunda mitad del siglo XIX cuando cambia la fisonomía de la ciudad, y al amparo de la Revolución Industrial, comenzó de manera intensiva la explotación de las minas de plomo en la Sierra de Gádor, iniciándose una etapa de gran esplendor para Berja. De esta floreciente etapa minera se observa un importante patrimonio industrial en la Sierra de Gádor, con numerosos vestigios como restos de pozos, fundiciones y galerías, además de las numerosas casas señoriales que se construyeron en esos años y que hoy forman su casco histórico y monumental.

Tras la decadencia de la minería, en el último tercio del siglo XIX, surgió una nueva fuente de riqueza que cambió la fisonomía de la vega virgitana, con la llegada de los parrales de la uva de mesa, que gracias a su resistencia, se exportaba al extranjero desde el puerto de Almería. Este fue el principal cultivo de la agricultura virgitana hasta los años ochenta del pasado siglo, cuando se abandonó para implantar los invernaderos, que hoy en día son el primer pilar económico del municipio.

Resulta difícil hablar del origen o fundación de Dalías. Los primeros núcleos habitados de la zona estarían situados en "El Cerroncillo" y en "El Cerrón", en donde se han encontrado restos de la época del Bronce, un poblado Ibérico y restos de cerámica romana.

Pero es en la época de dominación árabe cuando aparece Dalías en su actual emplazamiento con el nombre de "Dalyat". En este período, los acuíferos de Celín propician la expansión del regadío en las estribaciones de la Sierra de Gádor con el correspondiente aumento de la población. Así, en el s. VIII, Dalías es citada como Alquería, como fortaleza en el s. X, y con una mezquita mayor en el s. XIII, siendo renombrada su producción de seda, ganado ovino-caprino y plantas aromáticas. Su población irá en aumento durante los s. XIII y XIV, conforme avanzan las conquistas cristianas, hasta aparecer como capital de taha del reino nazarí y, finalmente, como parte del feudo dado por los Reyes Católicos a Boabdil, último poder musulmán en la península.

El núcleo mantiene en su estructura urbana, los rasgos de su origen medieval musulmán: viviendas con huerto, que no jardín, calles ciegas y estrechas a modo de pequeñas plazoletas, trazado irregular.

Celín, por su parte, constituye una ventana a una realidad que se nos escapa poco a poco con el paso del tiempo, pero que aún es posible conocer. Su paisaje guarda la magia de los moriscos y nos entronca con el origen medieval de la ciudad. Controlando desde su atalaya el campo y el mar, aportando el agua, abriendo el camino de las minas y fundiciones.

Cuando la sierra parecía acabada con el declive de la minería, su agua subterránea impulsó una nueva actividad agrícola, cubriéndose el piedemonte de huertos y parrales, donde se producía una uva de mesa de una excelente calidad exportadora, reconvertida en los últimos años a cultivos extra tempranos bajo invernadero, eje fundamental de la actividad económica del municipio en la actualidad.

Enix y Felix

Enix es un pueblo blanco y lleno de colorido que tuvo su auge turístico en los años setenta, con la llegada masiva de estos a las costas de Almería. La mayor parte de las tierras son montañosas y calizas, excepto la zona que ocupa su fértil vega. El término se asoma al mar por las playas de El Palmer, lugar convertido en importante centro turístico con buenas instalaciones hoteleras y deportivas.

Además también cuenta con otra barriada denominada Marchal de Antón López o Marchal de Enix. Célebre por sus minas de plomo que tuvieron su máximo esplendor en la década de 1950 y en la actualidad se encuentran cerradas.

Enix posee la fuente que le dio su nombre y la que podía ocupar un pedestal bastante alto en comparación fuentes del planeta en temperatura y calidad. Esta maravilloso caudal se remonta al año 409 con la entrada de los bárbaros a España. Estos hombres en sus correrías no les pasa inadvertida la fuente de Enix, y de ahí el vocablo NIX que se fue haciendo extensivo al grupo de casas más próximas a la misma y así a través del tiempo, hasta que acaba la dominación visigoda.

Con la entrada de los árabes a España respetaron el nombre del lugar, pero adaptándolo EL NIX, en cuya área comienza a crecer los cereales, la higuera, el almendro y el olivo; así como la vid entre otros.

Pero no sería hasta años después, en 1570, cuando su fisonomía urbana se transforma para sus habitantes y el nombre del pueblo tomaría nuevo matiz.   La riqueza de Enix se basaban en la agricultura y la ganadería; había media legua cuadrada de viña y algunos olivos, estando sin cultivar o de monte bajo lo demás del terreno. También contaba con una fábrica de aguardiente y exportaba vino y trigo a Roquetas y Almería de donde importaban los artículos necesarios.

A finales del siglo XIX y durante el XX se abrieron explotaciones mineras en varios puntos, en las proximidades de El Marchal de Antón López, que diezmaron gran parte de la vegetación natural para combustible en las explotaciones y fundiciones mineras. Sin embargo esta riqueza coyuntural permitió un espectacular aumento de la población. Con el cierre de las minas y la crisis general del medio rural la pérdida de la población ha sido constante. 

En la actualidad, esta población ha albergado en sus tierras una central eólica, fuente de energía limpia y sin residuos que coopera a no contaminar el medio ambiente.

Los orígenes de Felix se remontan a la época musulmana. Ya en el siglo XI aparece en la literatura musulmana con el nombre de Sant Afliy, siendo cabeza de término comunal agrícola-ganadero y plaza importante para la defensa de Almería. Un municipio que logró alcanzar un peso específico propio dentro de la Comarca.

Entre los siglos XIX y XX Vícar y La Mojonera se independizarían de Felix convirtiéndose en municipios autónomos. Posee un manantial, cuyas aguas son delgadas y sanas, y bastante famosas en toda la provincia de Almería, aunque no es de esta agua de la que se abastece la población, sino de otra, procedente de unas minas situadas en la Sierra de Gádor.

La Mojonera

La Mojonera se constituyó como municipio independiente el 10 de abril de 1984. Pese a su juventud como municipio, La Mojonera cuenta con un atractivo legado histórico, fiel reflejo de los pueblos que antiguamente poblaron esas tierras. Dentro de lo que hoy es su término municipal se han hallado restos de ocupación agrícola en la Edad del Cobre en la Loma del Viento. En la Cueva del Algarrobo pueden observarse enterramientos de la Edad del Bronce. Junto a estos restos, también existen evidencias de asentamientos de la época romana, como el yacimiento de La Marina.

Son de visita obligada sus aljibes, construidos en la Edad Media y el uso que se les ha dado, especialmente en el ámbito agrario,  hasta convertirse en un elemento habitual asociado a la vivienda tradicional.

Pero el legado de La Mojonera va más allá. De obligada visita es su poblado de colonización con sus principales edificios, iglesia, campanario y Ayuntamiento. Y es que a pesar de la antigüedad en la ocupación de su territorio, atestiguada por su pasado histórico, a día de la hoy la realidad del municipio está vinculada a la agricultura intensiva, palpable en cada rincón de la localidad.

 

Majestuosa y pesquera, Roquetas de Mar

Roquetas de Mar ha sido asentamiento de las culturas neolíticas, almeriense y artélica. Su litoral fue visitado por fenicios, griegos y romanos, aunque no será hasta el siglo XVIII cuando se hable de asentamientos permanentes.
Cuando inició su andadura como entidad histórica, estaba constituida como casi todos los lugares musulmanes, por un Castillo defensivo a la orilla del mar y unos cortijos agrupados en torno al mismo.

La localidad, citada en la documentación existente con el nombre de “Las Roquetas”, pertenecía entonces al término municipal de Enix. Su economía se basaba en una agricultura de subsistencia y en una pesca sin demasiado volumen de capturas.

El Roquetas antiguo fue un pueblo pesquero. El campo dependía en gran parte de las lluvias, poco frecuentes en la zona. Entre Roquetas y Aguadulce se daba entonces el cultivo de la uva, en la zona conocida como Los Parrales. Se conservan vestigios históricos de su pasado, que merecen ser visitados, como la Torre de Roquetas, recuerdo de la fortificación que se levantó a lo largo de toda la frontera marítima en el siglo XIV. En esta torre se levantó el Castillo de Las Roquetas o de Santa Ana, actualmente recuperado como centro cultural.

La transformación del pueblo se produce, como ha ocurrido en toda la comarca del Campo de Dalías o del Poniente, a lo largo del siglo XX, primero con la explotación de las dos Salinas y posteriormente con la llegada de la agricultura intensiva.

El gran despliegue económico de Roquetas se debe al Instituto Nacional de Colonización, que propició la transformación de esta zona de secano, pasando a contar con explotaciones de regadío. Este organismo, promovió la llegada de los primeros colonizados a mediados de siglo, procedentes en su mayoría del interior y de la costa granadina.

Fue el primer municipio en el que se construyó un invernadero, lo que constituyó una experiencia tan novedosa y a la vez, productiva, que desencadenó un impresionante desarrollo de esta técnica de cultivo que ha dado fama a la provincia de Almería y en concreto a esta comarca.

La agricultura ha sido desde entonces, la principal fuente de riqueza del municipio a la que se ha sumado con fuerza en los últimos años el desarrollo del turismo, sector que se ha convertido en otro de los pilares fundamentales sobre los que se asienta la economía de Roquetas de Mar y uno de los destinos preferidos por el turismo nacional e internacional.

 

Vícar

Vícar, al igual que el resto de poblaciones del Poniente, sirvió como lugar de asentamiento de pueblos romanos y árabes, que buscaron en las costas almerienses lugares para el desarrollo de su civilización, dentro del territorio peninsular.

De esos asentamientos en la Comarca del Poniente se sabe por los restos y hallazgos localizados en yacimientos arqueológicos de gran importancia. Su aparición como municipio en la historia se da en 1505, concretamente el 8 de diciembre, cuando los Reyes Católicos donan la localidad a Almería. Junto a Vícar también se dona Enix y Felix "por juro de heredad para siempre jamás". Enix, Felix, Los Marchales de Antón López, Miralles y Roquetas, que conformarán la Taha de Felix.

La rebelión de los moriscos en las Alpujarras, comarca limítrofe con Vícar y todo el Poniente, adquiere especial virulencia en la zona de Vícar y sobre todo en los alrededores como el Castillo y el Cerro de las Matanzas en Felix.

Cerro situado en la Sierra de Gádor  que alberga su iglesia-fortaleza del siglo XVI, apreciando la robustez de sus muros y el artesonado del interior. La visión que otorga el municipio a sus visitantes es espectacular; al fondo la montaña, con una variada muestra de colores y, hacia abajo, el profundo encajamiento de la rambla, en su discurrir hacia el Mediterráneo. Antiguas majadas y bancales adornan las laderas hasta alcanzar un amplio valle.

Al regreso del fastuoso viaje en el tiempo podremos descubrir otros lugares de interés como son: La casa del Marqués de Casablanca o el Mirador de Vícar. La vista de este pueblo, al que algunos todavía califican de Alpujarreño, nos deleita los sentidos con sus vistas, al retomar la falda de Gádor.

 

Ver "Poniente y sus pueblos"

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