Patrimonio Cultural

El Patrimonio Cultural, Histórico, Monumental y Artístico de Almería es tan rico como los 102 pueblos que han escrito la leyenda viva de la provincia. En toda su extensión geográfica, Almería ha sido habitada por diversos pueblos que nos han dejado como legado, numerosos hallazgos arqueológicos que junto a los edificios, bienes y monumentos son parte de la identidad, la vida y la historia de Almería y de los almerienses.

Prehistoria

Los primeros vestigios de vida y civilización humana nos hacen viajar hasta el paleolítico, una etapa caracterizada por una población de nómadas, cazadores y recolectores. No son abundantes en la provincia los yacimientos paleolíticos, pero el más importante de los existentes se encuentra en Cuevas de Almanzora, la Cueva de Zájara y las Cuevas de Ambrosio, importante yacimiento del Paleolítico Superior ubicado en la Comarca de Los Vélez, el cual junto al Cerro de las Canteras, recogen los restos del mayor poblado y la necrópolis del Neolítico que existe en toda la Península Ibérica.

Ya en el Neolítico, aparecen las primeras aldeas y nuevos espacios destinados a enterramientos. De esta época datan las pinturas rupestres de la Cueva de Los Letreros y el yacimiento del Cerro de los López ambas en Velez Rubio. Éstos dos puntos, junto a las más de veinte cuevas que existen en la Comarca, son consideradas por la Unesco, Patrimonio de la Humanidad.

La Comarca de ‘Los Vélez’ es también conocida por los dibujos rupestres hallados en su comarca convertidos en símbolo de la provincia como el conocido Indalo.  Ejemplo de ello, es el yacimiento arqueológico de El Villar en él se han encontrado columnas y capiteles de origen romano. Destacan también en la localidad de Chirivel, la Loma de las Cometas, los yacimientos del Pasillo de Chirivel, la iglesia de San Isidoro o el antiguo horno árabe aún en uso.

En uno de esos refugios de los primeros pobladores del levante peninsular, todavía se conserva el Abrigo de las Colmenas, una figura humana con los brazos en cruz que sostiene un supuesto arco iris sobre su cabeza. Cuenta la leyenda que esta pintura representa un pacto del hombre con los dioses para evitar futuros diluvios. Es la primera representación del conocidísimo indalo almeriense.

Aunque no podemos pasar más capítulos de la prehistoria sin mencionar al arqueólogo belga, Luis Siret. El fue quién descubrió la riqueza prehistórica de Almería, llegando incluso a decir que Almería que es "un museo a cielo abierto". No le falta razón y es que nuestra provincia ha sido cuna de dos de las culturas más importantes de la Edad de los Metales en la península: la cultura de Los Millares y la cultura de El Argar.

Es en la Edad del Cobre cuando surge el poblado de Los Millares, situado en el término municipal de Gádor. Se trataba de un poblado de más de mil habitantes, protegido por tres líneas de murallas y torreones y cuya economía se basaba en la metalurgia del cobre y en la agricultura, ganadería y caza a mediana escala.

En la Edad del Bronce, nace una cultura igualmente influyente, la de El Argar. Allí desarrollan un modelo alfarero característico, el vaso campaniforme, cuyo uso se extenderá por todo el levante español. Sus necrópolis evolucionan con respecto a la cultura de Los Millares y diversifican la producción agrícola y ganadera.

Las culturas de la Edad de los Metales mantuvieron contacto con civilizaciones de todo el Mediterráneo, prueba de ello son las colonias que pueblos como los fenicios fundaron años más tarde. Adra y Villaricos fueron las más importantes, centros eminentemente comerciales y pesqueros que mantenían a su vez contactos con navegantes griegos. De la época fenicia y cartaginesa se conservan numerosos restos, en Vera, Los Vélez y Dalías.

El imperio romano

Almería cayó en las manos de Roma convirtiéndose en uno de los puertos más importantes del Sur de Hispania. Roma trajo la organización territorial, las vías de comunicación y los impuestos y explotó sistemáticamente los recursos mineros del territorio, entre ellos el mármol de Macael. En esta época se fortaleció el comercio, especialmente el del ‘garum’, sabrosa salsa de pescado y especias muy apreciada en la época. En Adra y Torregarcía e incluso en la capital, en el mismo Parque Nicolás Salmerón, se conservan salinas y factorías de salazón de esta época. Otros restos de gran importancia son el Dionisio de Chirivel, el sarcófago de Berja, el Daymún, templo funerario de época tardorromana, ubicado en el municipio de El Ejido y el puente y restos de vía romana de Bayanna, a las afueras de la capital.

Edad Media

La gran historia de Almería comienza con la ocupación musulmana, iniciada el año 713 a manos fundamentalmente de poblaciones de origen bereber y yemení, cuya más pronta aportación fue la remodelación sustancial del paisaje y método agrícola.

El periodo musulmán se divide en dos fases, separadas por un breve periodo de ocupación cristiana, el decenio entre 1147 a 1157. No obstante, aunque breves, estos diez años supusieron una ruptura insalvable en el crecimiento de la Almería musulmana.

La huella árabe

Los primeros asentamientos que dieron lugar a la fundación de Al Mariyyat Bayyana, se produjeron en los alrededores de la desembocadura del río Andarax, que en aquella época estaba en lo que hoy conocemos como La Juaida. Se trataba de Bayyana, la actual Pechina. Su posición estratégica le permitió convertirse en un próspero centro comercial y no sólo en lo material sino también en lo religioso. Pechina fue cuna del sufismo ibérico, un movimiento que tuvo importancia no sólo por su profundidad, sino por haber aportado muchas de las claves del misticismo cristiano posterior de, entre otros, Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz.

La fundación oficial de la ciudad tuvo lugar en el 955, año en que Abderramán III ordenó iniciar las obras de una gran fortaleza, la Alcazaba, cuyo objetivo era defender el área de la amenaza que suponía el califato fatimí, oriundo de Túnez. La Alcazaba se convierte así en la fortaleza musulmana más grande de España y de Europa, con 43.000 metros cuadrados que le permitían albergar todo un destacamento militar de 20.000 hombres, los palacios de los sucesivos reyes e incluso lugares de resguardo para la población en caso de ataque. Más adelante será objeto de remodelaciones y ampliaciones por parte de reyes musulmanes y de los Reyes Católicos.

 

 

 

 

 

Taifa de Almería

La desintegración del califato de Córdoba da lugar a los reinos de taifas, entre ellos el de Almería, que tendría su primer rey en Jairán, impulsor de la remodelación de la Alcazaba.

Almería ya es mucho más importante que Bayyana y se convierte en una ciudad de nueva planta califal, dotada de una mezquita mayor, actual iglesia de San Juan y un activo puerto, que con los años sería el más importante puerto comercial de todo Al Andalus.

Almería era una ciudad amurallada, con un trazado urbanístico árabe clásico y tres barrios bien diferenciados: el barrio del Aljibe, el de la Musalla y el principal, la Medina.

Al Mutasim, conocido como el rey poeta, enriqueció la corte con literatos y científicos. Se introdujeron avances en los sistemas de regadío y en la ciudad se multiplicaban los baños y las mezquitas y un epicentro comercial que tenía en el puerto el mayor centro de operaciones de la seda, el aceite y la uva.

La taifa almeriense terminó con la invasión almorávide, pero la ciudad continuará siendo un auténtico emporio comercial muy codiciado por los cristianos.

Reino Nazarí de Granada

Almería volverá a ser musulmana con la toma de los almohades, pero no recobrará su antiguo esplendor. En el siglo XIII, pasa a formar parte del reino nazarí de Granada.

De esta época se conservan innumerables restos. A la Alcazaba y los restos de la mezquita mayor hay que sumar los aljibes de Jairán, que en una época abastecieron a la ciudad, y las murallas construidas por este mismo rey. También se pueden encontrar diseminados por los Filabres, las Alpujarras y el valle del Almanzora numerosos baños, mezquitas y castillos.

Los moriscos

La segunda mitad del siglo XVI estuvo marcada en toda la provincia por el levantamiento y posterior expulsión de los moriscos.

La población morisca era mayoritaria en amplias regiones de la provincia, como las Alpujarras y el alto Almanzora. Fue precisamente en la Alpujarra Almeriense donde en 1568 se rebela el laujareño Aben Humeya, la insurrección se propaga a toda la provincia y pronto Vera es conquistada y Cuevas de Almanzora atacada. En su retirada, Abén Humeya fundó en Purchena una competición para celebrar el nombramiento de la ciudad como cabeza del valle del Almanzora. Se trataba de unos juegos deportivos y culturales, que incluían la lucha, las carreras a pie y a caballo, el tiro y la poesía y que han sido recuperados hoy día.

Años más tarde Abén Humeya vuelve a Laujar donde crea una casa real con vocación dinástica, un plan que nunca llegó a concluirse porque fue asesinado en su propio palacio. Poco a poco la resistencia morisca se desvanece, reemprendiendo así la expulsión de la población musulmana..

Uno de los episodios más sangrientos de la represión contra los moriscos tuvo lugar en Níjar. En las revueltas de la Navidad de 1569, cientos de familias moriscas acudieron a refugiarse al castillo morisco del peñón de Inox, cercano a Níjar. Informados los cristianos, reunieron un improvisado ejército que se adueñó fácilmente de la fortaleza, haciéndose de una vez con más de 3.000 esclavos, mujeres y niños, e incontables botines. Este hecho terminó dando nombre a la cortijada actual cercana, La Matanza, en cuyos aledaños pueden encontrarse los muros de la antigua mezquita de Inox.

La matanza y expulsión de los moriscos fueron un duro golpe que sumió a la provincia en la época más oscura de la historia de Almería. Dejaron la provincia los que habían enseñado a los cristianos el cultivo del moral, el tejido de la seda, las técnicas de regadío y la carpintería, quedando desierta de Níjar a Mojácar.

Edad Moderna

El siglo XVI no fue una etapa fácil para la provincia, fueron varios los factores que motivaron un avance muy lento para Almería.

Especialmente funesto fue el seísmo de 1522, que destruyó la ciudad casi completamente y redujo la población a tan solo 700 habitantes que se asentaron en torno a la catedral de nueva construcción.

Los siglos XVII y XVIII son quizá los más desconocidos de la historia almeriense.

El siglo XVII se inicia con la repoblación cristiana, proveniente sobre todo de las provincias de Levante, Murcia, Alicante y Valencia; Jaén, Castilla-La Mancha y Aragón.

La actividad minera es impulsada con las explotaciones de hierro en los Filabres, plomo en Gádor y mármol en Macael. De forma paralela, la provincia va desarrollando una actividad cultural y etnológica que permanecerá hasta nuestros días.

 

 

 

 

 

Edad Contemporánea

En el siglo XIX comenzó la lenta recuperación iniciada los dos siglos anteriores. Un despertar que abrió la provincia al comercio exterior y consolidó la minería y la agricultura desde las primeras décadas de siglo.

En 1824 tuvo lugar uno de los episodios históricos de la capital más conocidos, la matanza de los ‘coloraos’. Un acontecimiento marcado por la llegada de un grupo de soldados provenientes de Gibraltar, a los que se les apodó los ‘coloraos’ por el tono de sus casacas, a la ciudad de Almería con la intención de restituir la Constitución de 1812. Al fracasar en su intento, 22 de ellos fueron fusilados por los absolutistas en la Rambla de Belén a la altura de la calle Granada. Años más tarde, se levantó en su honor un monumento en la Plaza Vieja y que celebra su homenaje anual cada 24 de agosto.

Es también el siglo XIX el siglo de los avances geopolíticos, urbanísticos y de infraestructuras.

Desde el punto de vista económico, es el siglo de plata de la minería en la provincia. Los yacimientos de plomo, plata y oro, en Sierra de los Filabres, Sierra Almagrera y Rodalquilar, entre otros lugares. Minería enormemente productiva, ha dejado insólitos parajes como los poblados mineros de Las Menas y Rodalquilar ó las casas palaciegas como el Palacio de Almanzora. Testigo mudo de esta época es también la máquina de vapor encontrada en el barranco del Chaparral, en Los Lobos, que data de 1873 y es considerada la más antigua máquina de vapor dedicada a la minería de toda España.

La fisonomía de la ciudad sufrirá un cambio en su arquitectura para evolucionar hacia una ciudad burguesa. En efecto, Almería crece fuera de sus murallas, que terminan siendo derruidas casi completamente en 1855. Se urbanizan huertas y se dota a la ciudad de un sistema de alcantarillado y agua potable.

Se trazan nuevas calles, se abre la nueva Puerta de Purchena, es encauzada la Rambla de Belén y el eje de la ciudad se desplaza de la Calle Real al novísimo Boulevard, de clara inspiración francesa, que tantos otros nombres recibiría antes de convertirse en el actual Paseo de Almería.

 

 

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