Levante

Panorámica de Bédar

La Comarca del Levante Almeriense, representa una de las zonas de mayor interés turístico de la geografía española, agrupando en ella a trece localidades, singulares y atractivas como son Antas, Bédar, Carboneras, Cuevas del Almanzora, Los Gallardos, Garrucha, Huércal-Overa, Mojácar, Pulpí, Sorbas, Taberno, Turre y Vera.

Uno de los recursos más destacables de la Comarca es su fabuloso clima. Su récord de número de horas de sol año hacen que el Levante almeriense destaque dentro de uno de los modelos turísticos  más demandado, como el sol y playa.

También destaca la riqueza y variedad paisajística de la Comarca, donde sus sierras, llanuras, ramblas y litoral se combinan con la aridez e incluso con la génesis volcánica típica de la zona, muchos de ellos bajo protección especial, donde se desarrolla una flora y fauna caracterizadas por su adaptación al medio.

Con un mar de aguas cálidas y habitualmente tranquilas, los fondos del litoral levantino almeriense están muy diversificados, con plataforma continental relativamente extensa, con fondos variados, tanto en relieve como en sedimentos, las posibilidades que ofrece para actividades turísticas náuticas, subacuáticas, deportivas y de pesca deportiva son inmensas.

Antas

Antas se sitúa en la margen derecha del río que lleva el mismo nombre y  que sirvió como fuente de agua y cuna de la Cultura Argárica. Pero no sólo han visto la luz en esta área el Argar sino también otros pueblos del Neolítico en El Garcel y de la Edad del Cobre en la Gerundia, estudiados por Luis Siret a finales del Siglo XIX.

Más tarde, durante la Edad Media, visigodos, romanos y árabes sometieron, transformaron y destruyeron el poblado fortificado de El Argar y en 1488 los Reyes Católicos montan su campamento en El Real de Antas y expulsan a los musulmanes de Vera, dando origen al lugar de Anmtas que es el actual pueblo de Antas.

En 1505 se consagra la Iglesia de Antas para convertir a los moriscos allí ubicados, de ellos quedan los sistemas de riego.

Los repobladores llegarán desde la vecina Murcia, para hacer del pueblo uno de los más ricos al conocer a fondo las técnicas de cultivo moriscas y desarrollar la minería en Bédar.

Pero no es hasta mediado del siglo XVIII cuando se produce un gran crecimiento en todo el Valle del Almanzora, por las fértiles existentes, el desarrollo de nuevas técnicas de regadía y la explotación del esparto. A esto hay que unir el descubrimiento de la mina del Jaroso que desencadena la fiebre minera en Sierra Almagrera.

La población sigue descendiendo de manera paulatina hasta que  a partir de 1970, por factores externos y la puesta en marcha de nuevos regadíos, comienza a producirse un incremento moderado que se mantiene hasta la actualidad distribuido en ocho núcleos de población: Antas, Aljáriz, La Ballabona, La Fuente del Abad, La Huerta, Los Llanos del Mayor, El Real y Jauro.

Bédar y Carboneras

Bédar es un pueblo recortado bajo la Loma, en las últimas estribaciones de la Sierra de los Filabres y destino preferido de buena parte de los primeros extranjeros que se habían establecido en Mojácar cuando, a partir de los últimos setenta, el crecimiento de las urbanizaciones y el incremento del turismo les hicieron buscar una alternativa próxima y más tranquila, más en consonancia con la vida de calma que habían buscado en la costa de Almería.

Bédar conserva su frescura y su estética, tanto en su vega tradicional como en los cortijos de esencia morisca que salpican su término municipal. Estas características han motivado que sea elegido lugar de residencia por pintores, actores, músicos e intelectuales. La historia de Bédar se remonta a la Edad Media, cuando la Tierra de Vera era musulmana. Por su antigüedad, Serena es la pedanía más importante del municipio, también de origen musulmán e independiente del término de Bédar musulmana; después de la Reconquista y a partir de 1575, su municipio se unió al de Bédar, quedando sin poblar después de la expulsión de los moriscos y resurgiendo después como un barrio de ésta.  Perteneciente a la Tierra de Vera a principios del siglo XVI, tras el triunfo definitivo de la Reconquista, el actual término municipal englobaba tres asentamientos de importancia en época árabe, Bédar, Serena y Bedarín. 

Serena, metida en un recodo de la sierra que impresiona por su verdor, quedó despoblada tras la expulsión de los moriscos. Sin embargo, Bédar fue remontando su propia historia y adquirió un nuevo auge con el esplendor minero de finales del pasado siglo, cuando las minas de plomo de El Pinar llevaron al pueblo sus más importantes rasgos de modernidad, cuyos vestigios aún pueden contemplarse. En 1888 Bédar contó con el primer cable aéreo de la provincia, que unía El Pinar con la fundición de Garrucha y que, con sus 15.6 km, era entonces el más largo de Europa. Impulsado por una máquina a vapor, tuvo doce años más tarde su continuación en el ferrocarril de vía estrecha, también hasta Garrucha. 

Pero la crisis que siguió a la Primera Guerra Mundial acabó con esa modernidad y con su desarrollo y el intento de explotación de las minas de hierro no se consolidó, cerrando en  los años cincuenta y  dejando al pueblo con dos únicos activos, la agricultura y su enorme belleza natural.

La existencia de Carboneras como núcleo habitado se sitúa en torno al siglo XVII a raíz de la construcción del Castillo de San Andrés y de  la distribución de tierras de labor a los soldados. Todo ello como consecuencia de las constantes acciones de los piratas berberiscos y de los turcos sobre este territorio.

Consecuencia de esta situación, el poblamiento es más intenso a la vez que comienza una etapa de expansión general de la economía y de la población. En 1776 se mandó edificar un nuevo castillo en Mesa Roldán, que junto con las torres vigías dotaron de más seguridad a la zona, lo que permitió una mayor prosperidad económica dentro del esquema de las limitaciones y oportunidades naturales. La explotación de la barrilla, el esparto y la pesca, junto con la agricultura tradicional, constituyeron la base de su economía. El 1 de junio de 1813, Carboneras se erigía en municipio independiente; había dejado de ser el quinto barrio de Sorbas.

Tras firmar su independencia el municipio no deja de crecer en población y en extensión de suelo hasta la actualidad en que los núcleos de población que se consideran son: El Argamasón, El Cañarico, Carboneras, La Cueva del Pájaro, La Islica, Los Llanos de Don Antonio, El Saltador Alto y El Saltador Bajo, que son en definitiva los que siempre tuvieron más población a lo largo de toda su historia.

 

Desde Cuevas hasta Overa

Cuevas del Almanzora es un extenso municipio situado a orillas del río que le da nombre. La agricultura tradicionalmente ha sido la principal ocupación de sus habitantes, a la que hay que sumar el sector turístico, que se ha venido desarrollando en los últimos años en la costa -centrado en alojamientos y restauración- y en el interior -más relacionado con los servicios culturales.

Sin duda muy contemporánea, Cuevas no puede dejar de mirar hacia su pasado, lejano o reciente, y sobre su territorio podemos leer la historia de la Comarca a pequeña escala. Un hecho significativo de ámbito comarcal, fue la construcción del Pantano de Cuevas en 1989, esencial para el abastecimiento de agua en nuestra zona.

Los Gallardos es un pueblo amable, de arquitectura sencilla, donde predominan las casas de una sola planta, techos altos y gruesos muros encalados, todo ello orientado a una mejor protección del calor.

Sus tranquilas calles confluyen en la plaza, escenario de las fiestas del pueblo y de los paseos del atardecer. La actividad agrícola y las empresas de servicios de transporte y construcción, protagonizan la actividad económica de sus habitantes.

Alfaix, La Perulaca, Las Pastoras, Los Collados y Almocaizar son pedanías de este simpático municipio.

Garrucha, a orillas del mar, concentra todo el sabor del litoral mediterráneo. Tradicionalmente pueblo de pescadores, en el siglo XIX fue lugar de veraneo de la burguesía minera, enclave comercial y sede del alfolí, almacén de sal.

Garrucha ha seguido desarrollando esas claves económicas para convertirse en lo que es en la actualidad: centro pesquero, comercial y turístico de obligada referencia en la Comarca. Su puerto pesquero abastece de pescado fresco a los más exquisitos paladares de dentro y fuera de la Comarca.

Huércal-Overa  es el municipio más poblado y extenso de la Comarca del Levante Almeriense. Su tradición ganadera se remonta a época medieval, sirviendo sus pastos al ganado propio y al de poblaciones cercanas para pasar el invierno.

Su base económica sigue apoyándose en la agricultura y la ganadería, experimentando el sector servicios, tanto públicos como a empresas, un auge notable. Huércal-Overa es cabeza de partido judicial, sede del Hospital Comarcal de La Inmaculada y de otras dependencias institucionales de ámbito supralocal como el INEM o la Tesorería de la Seguridad Social.

Las pedanías que forman este municipio son Santa María de Nieva, Almajalejo, La Concepción, San Francisco, Santa Bárbara, Los Menas, El Saltador, Las Norias, Goñar, Úrcal, Las Labores, El Puertecico, La Hoya, Fuente Amarga, Gibiley, Los Navarros, La Parata, La Perulera, Pedro García, El Pilar, Los Carmonas, Las Piedras, La Loma, Las Minas, La Fuensanta y Los Pedregales.

En las últimas estribaciones de la Sierra de los Filabres y tras atravesar unos bonitos páramos de almendros en flor, Lubrín recibe al visitante con una arquitectura, de elegante sencillez como pocos pueblos de la provincia. Lubrín es un pueblo que enamora por el cuidado de sus calles, por la limpieza de sus fachadas y por la espectacular plaza urbanísticamente marcada por las escaleras que la convierte en una especie de anfiteatro.

En medio de una tierra de minas y canteras, la crisis de la minería supuso un duro golpe al pueblo, produciéndose un fuerte descenso demográfico. Pero Lubrín sigue siendo un lugar en el que se entremezclan rincones campestres y urbanos y que ofrece a sus visitantes la posibilidad de disfrutar del turismo rural, con sus fuentes, lavaderos, acequias, viejos molinos y cortijos que te harán disfrutar de la naturaleza en estado puro.

Mojácar, mora y cristiana

Mojácar ha sido habitada por numerosos y variados pueblos desde la antigüedad. Poblada desde la Edad del Bronce, los comerciantes fenicios y cartagineses llegaron a servir a las comunidades en crecimiento. Bajo el dominio griego, estos crearon un asentamiento llamado Murgis-Akra, palabra de la que derivaría luego, tras ser latinizada, el nombre Moxacar que finalmente desembocaría en el nombre actual de Mojácar.

Los musulmanes del norte de África se establecieron en España en el siglo VIII y la provincia de Almería se convirtió en la autoridad del Califato de Damasco, gobernando, más tarde, desde Córdoba. Bajo este segundo dominio, Mojácar creció rápidamente en tamaño e importancia. Con la coronación de Mohamed I de Córdoba, Mojácar y sus tierras fueron incorporadas al sultanato nazarí, y la ciudad se encontró con las fuerzas cristianas en el este. Se construyeron o reforzaron Atalayas y fortalezas durante el siglo XIV, que sin embargo no lograron disuadir a las incursiones cristianas y feroces batallas como el hecho de sangre de 1435, donde gran parte de la población de Mojácar se sometió a la guerra. El 10 de junio de 1488, los líderes de la región acordaron someter a las fuerzas cristianas, aunque alcaide de Mojácar se negó a asistir, teniendo en cuenta que su pueblo ya era español. En ese momento se produjo la reunión conocida como árabe de Mojácar, donde se acordó un pacto de libre asociación entre Moros, Judíos y Cristianos. Una asociación que ha marcado sus populares fiestas conocidas como ‘Moros y Cristianos’.

Mojácar ha experimentado un gran cambio desde la década de los sesenta, basado en el desarrollo del sector turístico, que ha pasado a ser la principal ocupación de sus habitantes. Aunque esta es la visión más conocida del municipio, conserva paisajes rurales y naturales de gran valor cultural, destacando sus playas vírgenes de origen volcánico, las cortijadas de Sierra Cabrera y la zona conocida como Las Huertas

Pulpí

Pulpí es un dinámico y joven municipio frontera con Murcia. Eminentemente agrícola y ganadero, cuenta con una franja costera de agradables playas y calas, donde el sector turístico es el predominante.

Se hizo famoso en los medios de comunicación, a raíz del descubrimiento, en una antigua galería de las minas abandonadas de El Pilar de Jaravía, de la mayor geoda conocida.

De sus pedanías compuestas La Fuente, El Convoy y El Pilar de Jaravía, destaca la población costera de San Juan de los Terreros. Un enclave que en los últimos años ha despuntado como destino turístico.

Sorbas, Taberno y Turre

Sorbas inició su andadura como pueblo en el neolítico, y la inició con el buen trabajo de la cerámica que, siglo tras siglo, ha caracterizado a las gentes de este municipio almeriense.

Una historia intensa para un pueblo en el que resalta su belleza urbana, como sus impresionantes casas blancas colgantes y por su belleza paisajística, en el que reina el paraje natural del Karst en yesos, un fenómeno en el que la anhidrita en presencia de agua se transforma en yeso, dando lugar a un aumento de volumen y por lo tanto a un considerable aumento de presiones que originan la fisuración de las rocas y, con el paso del tiempo, a la formación de cuevas y galerías.

Taberno es un pequeño pueblo ubicado en las estribaciones de la Sierra de las Estancias, cuya existencia data de mediados del siglo XVIII, si bien no alcanzó su madurez administrativa hasta 1839, fecha en la que se independizó de Vélez Rubio.

Municipio muy afectado por la emigración de los años 50, en la actualidad sus habitantes cuentan con modernas instalaciones para la explotación de la leche de cabra que, junto a la agricultura de secano, son sus principales actividades.

Este municipio de la Comarca de Levante acoge en su término municipal a las pedanías de Santopétar, Cercanías, El Aceituno, Los Llanos y Los Pardos.

Situado en la falda norte de Sierra Cabrera, Turre, es un municipio agrícola por excelencia, que en los últimos años ha incorporado el turismo de interior y la construcción a su estructura económica. La Cocina Tradicional ocupa un lugar destacado en la oferta turística de Turre, donde podremos degustar los sabores de la gastronomía comarcal.

La importancia que la agricultura ha tenido tradicionalmente, se pone de manifiesto en la existencia de varios molinos harineros cercanos al río Aguas, algunos de época árabe.

Deslumbrante Vera

El municipio levantino de Vera destaca por su oferta turística y de servicios, siendo uno de los primeros municipios de la Península en especializarse en el naturismo, que ha potenciado su franja costera.

Vera ha crecido como un importante crisol de culturas que abarca dos milenios de historia, desde la Barea cartaginesa, la Baria romana y musulmana hasta el nacimiento de la Vera actual. Bajo el dominio musulmán, la población se trasladó de la costa al interior, en el Cerro del Espíritu Santo. Fue reconquistada en 1488 por Fernando el Católico, que años más tarde le concedería el título de muy Noble y muy Leal Ciudad.

En 1518 sufrió un terremoto extraordinariamente violento, que produjo 150 muertos y devastó totalmente la población, por lo que se trasladó al sitio actual. Tres de los habitantes que quedaron, tras el consentimiento de Carlos I de reconstruir la ciudad, lanzaron una flecha y donde cayó, hicieron levantar el pueblo. La nueva ciudad se edificó en 1520 y tenía planta cuadrada, cerrada por muros guarnecidos por ocho torres con almenas. Fue entonces cuando se levantó la iglesia-fortaleza de Nuestra Señora de la Encarnación. No posee un cementerio como el resto de iglesias, así que junto con la de Sevilla, son las dos únicas iglesias españolas con un acuífero debajo del suelo.

En los últimos años, Vera ha diversificado su oferta orientándola hacia el turismo cultural, con especial atención al aspecto etnográfico.

Ver "Levante y sus pueblos"

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